Astérix y los romanosLos intentos de los legionarios por conquistar la aldea gala07-ene-2010 Manuel Vega Fierro
Entre las decenas de álbumes de la colección destacan las aventuras dedicadas a los planes de César para someter el pueblo de los irreductibles galos.
"Estamos en el año 50 antes de Jesucristo. Toda la Galia está ocupada por los romanos... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles galos resiste todavía y siempre al invasor"... Con estas palabras comienzan todas y cada una las aventuras de Astérix. La cita se muestra siempre en la página anterior a la primera de la historieta, bajo un mapa de la Galia, la actual Francia, durante la época romana. En ese mapa aparece, destacada con una lupa, la gran obsesión -dentro de la ficción de Astérix, claro- de Julio César. Esa obsesión no era otra que la "aldea de los locos", ese pueblo habitado por Astérix y sus amigos cuya resistencia impedía al dictador romano completar la conquista de la Galia. La poción mágica del druida Panorámix hacía inútil la fuerza de las legiones romanas, pero César, testarudo, no se resignaba. De su mente o de la de alguno de sus subordinados surgieron varias ideas para someter a los irreductibles. Obviamente, ninguna prosperó, pese a que algunas fueron muy inteligentes. Estas son algunas de las aventuras que narran las tentativas romanas: Astérix el galoEs el primero de los cómics de Astérix. Los romanos desconocen el secreto de la fuerza de los galos. Para descubrirlo, Caius Bonus, centurión del campamento de Petibonum, envía un espía disfrazado de galo a la aldea. Éste será descubierto, pero logrará regresar al campamento e informar al centurión del secreto de la fuerza de los galos: una poción con poderes mágicos que hace invencible a todo aquel que beba de ella. Caius Bonus ordena secuestrar al druida Panorámix para intentar que le revele la fórmula de la poción y así poder usarla en beneficio propio. Astérix tendrá que emplear su astucia para introducirse en el campamento romano y contactar con el druida. Juntos lograrán desquiciar a los romanos y recuperar su libertad. El combate de los jefesDespués de que Astérix y Obélix atizaran a una patrulla romana que se toparon en su camino, el centurión Langelus, comandante del campamento de Babaorum, pide consejo a su ayudante, el perverso Ladinus, para intentar acabar con la resistencia gala. Ladinus, conocedor de las costumbres galas, le cuenta a su superior la tradición del combate de los jefes: si un jefe galo desafía a otro a un combate singular, el vencedor asumirá el mando de la tribu del vencido. Ahora sólo queda encontrar un jefe lo suficientemente loco para retar a Abraracúrcix, líder de la aldea de los irreductibles. Para facilitar las cosas, los romanos intentarán quitar de en medio al druida Panorámix, con el fin de que Abraracúrcix luche sin la ayuda de la poción mágica. Prorrománix, jefe galo muy afín a los romanos, será el encargado de desafiar a Abraracúrcix. Esta historia podría representar una parodia del colaboracionismo francés durante la ocupación alemana en la II Guerra Mundial. La cizañaEn una sesión del Senado romano, un anciano senador acusa a César de no ser capaz de mantener la paz romana en los territorios conquistados. Se refiere, por supuesto, a la aldea de Astérix. César convoca a sus asesores para lograr de una vez por todas acabar con la resistencia gala. Uno de ellos le propone sembrar la discordia entre los habitantes del pueblo para que, de esa forma, la poción mágica que les da fuerza sobrehumana no tenga valor. Para ello, César enviará a la Galia a un ex preso de enorme inteligencia, con un carácter artero y provocador. Un auténtico sembrador de cizaña cuya estrategia pondrá en peligro la unidad de los habitantes de la aldea. Sin embargo, su inteligencia chocará con la de Astérix. La residencia de los diosesHarto de la resistencia del pueblecito, Julio César idea someter a los galos talando el bosque que rodea la aldea y levantando en su lugar multitud de edificios que serán habitados por romanos y "rodearán el pueblo, que no será más que un 'chabolarum' condenado a adaptarse o a desaparecer", en palabras del propio César. El proyecto, conocido como 'La residencia de los dioses', comenzará pronto, pero Astérix y Obélix no dejarán de poner zancadillas a Anguloagudus, el arquitecto encargado de la obra. Pensando que los esclavos se rebelarán si obtienen ayuda, Panorámix les suministra poción mágica. Sin embargo, los esclavos utilizarán la fuerza del brebaje para seguir trabajando, aunque ahora como ciudadanos libres con empleo remunerado. Astérix tendrá que idear otro plan para frenar los proyectos de César. El adivinoUna estruendosa tormenta se abate sobre el pueblo durante la noche. Todos sus vecinos se encuentran, aterrorizados, en la cabaña del jefe. De repente, un hombre de aspecto siniestro llama a la puerta. Ante la ausencia del sabio Panorámix, que se encuentra en una reunión de druidas, el desconocido aprovecha el carácter supersticioso de los aldeanos -excepto Astérix, por supuesto- para convencerles de que es un adivino y de que deberán tratarle a cuerpo de rey si desean que el futuro les sea propicio. En caso contrario, los dioses de los infiernos les castigarán. Cuando sale de la aldea, muchos irán en su busca para consultarle el porvenir. Cuando los romanos apresan al adivino, éste afirma tener un gran ascendiente sobre los ignorantes de la aldea. El centurión de Petibonum le utilizará para que amedrente a los galos y les haga abandonar el pueblecito. Pero el regreso de Panorámix frustrará los planes romanos.
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